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La tarde que estuvimos en casa de Miss Dior

19 de febrero de 2015


Cuando llegamos ya se había ido, pero aún flotaba en el aire la estela de su perfume. Se intuía cierta prisa por marcharse esa tarde, sus medias yacían en la cama, algunas prendas descansaban de forma descuidada en la habitación, el álbum de fotos estaba abierto en su tocador...  Sin embargo no podía decirse que la casa estuviera desordenada, al contrario, ella siempre había cuidado los detalles de cada rincón, se había encargado de toda la decoración haciendo de ella su refugio, un lugar cálido, majestuoso pero sin resultar abrumador, elegante y con estilo, en consonancia con su personalidad, un sitio al que volver y en el que siempre se sentía ella misma, abrazada y segura.


El vestido que había elegido para el gran día permanecía en la habitación, impecablemente acomodado en su maniquí de costura. Era espectacular, como si cientos de mariposas blancas batieran sus alas al unísono, como si decenas de pétalos de rosas bailaran a su alrededor. Seguía allí, frente a su cama, como un recordatorio de lo que pudo ser y no fue, no fue porque ella así lo decidió, tal vez nadie comprendió por qué lo hizo, nosotras lo supimos enseguida y, en cierto modo, fuimos cómplices de su huida. 



Él nunca pudo desabrocharle ese vestido en su noche de bodas, pero aún así en algunos momentos, ella le visualiza haciéndolo, aunque desecha esa imagen rápidamente cuando le viene a la cabeza todo lo demás, todo lo que implicaba que él siguiera en su vida, su vida, ese camino que ella quería disfrutar al máximo, sin ataduras, sin convencionalismos que apagasen su sed de aventuras.



Salimos de puntillas de su habitación, como meras espectadoras de lo que aún perduraba de lo que denominamos "día después" y recorrimos su casa en busca de sus secretos de belleza, porque Miss Dior era una de las mujeres más bellas y elegantes que conocíamos, tal vez podíamos robarle alguno de sus secretos mejor guardados para permanecer eternamente hermosa. Y fue así como descubrimos que estaba mostrando su mejor cara, radiante, fresca y juvenil gracias a una nueva base de maquillaje ligerísima, con un tacto inigualable y que se fundía perfectamente con la piel, fuimos probando esta nueva fórmula de la Maison con cuidado de no descolocar nada, para que cuando ella llegase no notase que habíamos estado curioseando entre sus cosas. 



Su famosa fragancia estaba presente en toda la casa con un ligero halo de notas de mandarina, rosa y ambar. El perfumista Francois Demachy la había reinterpretado en exclusiva para ella dándole un toque de modernidad y siempre dejaba a su paso esas pinceladas tan reconocibles afrutadas y florales por las que todas suspirábamos. Miss Dior estaba tan entusiasmada con la creación, tan femenina, tan elegante y clásica, pero sin que se considerase un aroma antiguo, tan sensual y coqueta que encargó una serie de versiones para poder cambiar de aroma dentro de las mismas notas dependiendo del momento del día o situación en la que se encontrase. Así por las mañanas disfrutaba envolviéndose en su Eau de Toilette y cuando caía la tarde en Eau de Parfum, los días en los que se sentía más coqueta y romántica utilizaba Blooming Bouquet y en aquellos momentos en los que la mujer sensual y con carácter afloraba en ella le acompañaban unas gotas de Le Parfum.



Miss Dior continuaba siendo Miss por decisión propia, no sabíamos dónde había ido aquella tarde o si se demoraría o no en volver, pero no pudimos evitar sucumbir a la tentación de tocar sus flores, esas flores que habían adornado el pasillo que llevaba al altar, que vieron como ella corría en dirección opuesta, hacia su libertad, para dar rienda suelta a sus pasiones y vivir cada minuto intensamente. Esas flores merecían un mejor destino que marchitarse en solitario, una al lado de la otra, así que decidimos que debían permanecer juntas, jugando eternamente en una composición única y a la altura de su belleza. Fue así como perdimos la noción del tiempo, enfrascadas en nuestra nueva tarea de dar una nueva vida a esas hermosas flores.


Taller de coronas florales con Sibilina


Con Junior Cedeño, maquillador oficial de Dior


Y nos fuimos silenciosas, tal y como habíamos llegado, después de pasar la tarde en el piso de Miss Dior, conociendo sus secretos, ahondando en su historia y en sus pensamientos más profundos. Nunca sabremos si cuando llegó noto de inmediato que habíamos estado allí, pero cada una de nosotras se llevó en su corazón un pedacito de Miss Dior aquella tarde y todas soñamos con, algún día, poder volver a esa casa de ensueño, su casa.




¿Qué os ha parecido la casa de Miss Dior?
¿Cuál es vuestra versión favorita de la fragancia?


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11 comentarios on "La tarde que estuvimos en casa de Miss Dior"
  1. Qué maravilla. No tengo palabras. Nunca me había imaginado como sería ella. Pero tras leerte sé que no puede ya ser de otra manera. <3

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  2. Qué relato tan bonito, me he emocionado y todo, qué tonta! No lo podías haber contado mejor, me ha encantado <3<3<3<3<3 Un besazo gordo!

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  3. Wow !!! Qué maravilla !!!!
    Qué bonito evento y que´chulas las coronas.....con lo que me gustan las flores !!!
    Besitos

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  4. Hola preciosa, qué bonita experiencia y que guapas estáis todas y el post precioso. No sabría decirte cuál es mi favorita....Besos y gracias por deleitarnos de esta manera

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  5. Junior me parece un gran profesional y no hablemos de lo guapo que es <3
    Por otro lado siempre os veo guapísimas y me parece que estaba todo súper bonito.
    Un beso.

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  6. El dormitorio que tendría...el mio es más pequeñito y no cabe todo!

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